François Villon no es necesariamente un poeta por excelencia pero sí es el que simboliza la edad medieval y llevó una vida rica y llena de experiencias y aventuras. Fue un estudiante altamente dotado pero muy desorientado convirtiéndose en ladrón y asesino y que muchas veces tuvo la suerte de ser indultado. Su ‘desaparición’, cuando tuvo 32 años, reforzó el mito sobre su persona.

Sin duda alguna el tiempo en prisiones, la tortura, el confinamiento y sobre todo la amenaza de ejecución, fueron el tenor principal del Testamento de Villon. En su primera obra ‘Le Lais‘, sinónimo de ‘legs’ (el Legado), deja de herencia a sus amigos objetos invisibles o inventados. En un Testamento publicado en 1461, escribe una parodia de un ejemplo jurídico. En la primera parte muestra remordimiento por sus actos y recuerda con emoción e ironía su pasado aventurero. Después escribe el verdadero Testamento, en el cual expresa sus últimos deseos y una sucesión de legados imaginarios.

Como descrito por Jean Malignon, la poesía de Villon tiene una característica propia de una época de alegorías y versos desolados. La famosa ‘balada de los ahorcados‘ ha sido escrita por un condenado a muerte, y las imágenes descritas no son únicamente simples productos de la elocuencia.

Villon tuvo mucho éxito hasta el año 1533 pero luego cayó en el olvido, por 3 siglos, por culpa de Clement Marod que escribió una nueva edición críticando sus obras. Es en el año 1832, a raíz de una nueva publicación del cura Prompsault, que alcanza un nuevo apogeo. Especialmente Gautier, Nerval, Banville y Rimbaud y últimamente Mac Orlan, Brecht, Cendrars y Brassens, muestran interés por las obras de Villon y su vida de maleante.

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François Villon